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Así que no me plagies :)

Así que no me plagies :)
miércoles, 14 de noviembre de 2012


Adiós padrino...


No he podido despedirme de ti...

Bueno, en realidad, no he querido...

... no he querido ver cómo te consumías...

... no he querido ver tu amplia sonrisa eclipsada por la sombra de la muerte y tus grandes ojos amoratados y hundidos...

... no he querido ver tus frágiles huesos pegados a tu piel de pergamino...

... y no he querido sufrir, ni hacerte sufrir mientras veías cómo sufría yo al ver tu sufrimiento...

... no habría podido disimular...

... y te habría hecho llorar sin remedio... habría estropeado esa sonrisa y esa cara tan feliz que tengo en mi recuerdo...

Hoy he visto una foto tuya, cuando contabas con quince años de edad... la misma edad que tiene ahora mi hijo... la edad que tenías cuando me llevaste a la pila bautismal junto a mis padres y a la madrina...

... tan joven, tan inmaduro, tan feliz, tan ignorante de lo que la vida te depararía en los años venideros...

Duros años de trabajo en el campo por muy pocas "perras" como dicen por allí...

Años de madrugones, recogidas de aceituna, de almendras, de crianza de animales, de albañilería, de cerrajería, y hasta de construcciones de puentes, túneles y caminos... por varios lugares cercanos...

... en fin... no tenías oficio ni estudios... pero sabías hacer mucho más que muchos ingenieros y muchos políticos, e incluso que muchos veterinarios, médicos y hasta algún que otro físico...

Tenías una letra preciosa y sin faltas de ortografía a pesar de haberte criado en un pequeño pueblo, que es la excusa que muchos ponen cuando les preguntas por qué no han aprendido...

Aún recuerdo los dibujos que nos hacías a mi hermano y a mí cuando éramos pequeños...

Años de mala suerte en los que tuviste varios accidentes con la moto por ir a todas partes con demasiada prisa...

Años de depresiones en los que engullías pastillas para poder olvidar que aún trabajando de sol a sol no quedaba ni para poder comer ni dar a los tuyos...

Hace ya más de una semana que metimos tu ligera y recién barnizada caja en su último lugar de descanso... a mi hermano se le tiñeron los dedos con aquel barniz y le dio mucha pena verlo...

... a lo largo del camino, los olivos ocultaban el riachuelo que te echa ya de menos...

... las piedras de las calles enmudecían a nuestro paso y las paredes de las casas se pusieron de nuevo el velo...

... a las puertas del cementerio, unos juguetones jilgueros te esperaban trinando en medio del silencio, los mismos jilgueros que con tanto cariño recogías del pie de los árboles cuando caían de sus nidos y con tus propios labios alimentabas hasta que pudieran valerse por sí mismos...

Mientras caminábamos en medio del cortejo, tras el triste vehículo que contenía tu féretro, un hombre se ha acercado a nosotros, y nos ha recordado cuánto sentía tu pérdida, ya que le salvaste de morir ahogado un día que caminabas buscando cardillos...

... eras un nadador excepcional padrino... y nunca te dieron ninguna medalla...

... en la familia hay gente que ni siquiera sabía que habías salvado una vez la vida de un hombre... tan humilde eras que no hablabas de tus heroísmos...

Sé que no querías que te llevaran a la parroquia: "...de la cama a la tumba, hijos, no quiero que nadie me llore lágrimas falsas...", pero creo que nadie ha llorado falsamente padrino, quizá no sabías lo importante que eras para la gente del pueblo... y para todos nosotros...

Cruel enfermedad que te ha impedido ver nacer a tus futuros nietos, que con cincuenta y tres años no te ha permitido disfrutar de nada de la vida fuera de lo que ya conocías...

... quiero creer que has muerto feliz...

... siempre descalzo, sintiendo a la Madre Tierra, hiciera frío o calor, hubiese lluvia o barro bajo tus pies... siempre en el campo, como lo que somos en realidad: una especie más de este loco Planeta.

La ciudad te quedó grande y volvías una y otra vez a la tierra que te había visto nacer...

Aún tengo en mi cocina un tarro de almendras dulces que recogiste estando ya enfermo, y en la nevera, deliciosos huevos de tus pequeñas gallinas, esas que has criado con tanto cariño y que ya te echan también de menos...

Injusto Dios que no ha escuchado tus ganas de vivir... "Yo aún no me voy a morir, aún soy muy nuevo..." o "¡...qué ganas tengo de que me den el alta los médicos...!"

Por eso has aguantado hasta el último momento, por eso no te has rendido hasta que tu cuerpo no ha podido soportar el peso de tu alma, que según dicen pesa dos gramos... la tuya debía pesar veintisiete kilos, que son los que esa dichosa enfermedad te ha dejado...

... sé que he sido egoísta...

... sé que nunca me perdonaré por ello...

... pero no he querido verte así... lo siento...

... y ya no hay remedio... espero que tu sí sepas perdonarme padrino...

(Este texto está publicado también por mí en Ciao)



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