Adiós
padrino...
No he podido despedirme de
ti...
Bueno, en realidad, no he
querido...
... no he querido ver cómo
te consumías...
... no he querido ver tu
amplia sonrisa eclipsada por la sombra de la muerte y tus grandes ojos
amoratados y hundidos...
... no he querido ver tus
frágiles huesos pegados a tu piel de pergamino...
... y no he querido sufrir,
ni hacerte sufrir mientras veías cómo sufría yo al ver tu sufrimiento...
... no habría podido
disimular...
... y te habría hecho llorar
sin remedio... habría estropeado esa sonrisa y esa cara tan feliz que tengo en
mi recuerdo...
Hoy he visto una foto tuya,
cuando contabas con quince años de edad... la misma edad que tiene ahora mi
hijo... la edad que tenías cuando me llevaste a la pila bautismal junto a mis
padres y a la madrina...
... tan joven, tan inmaduro,
tan feliz, tan ignorante de lo que la vida te depararía en los años venideros...
Duros años de trabajo en el
campo por muy pocas "perras" como dicen por allí...
Años de madrugones,
recogidas de aceituna, de almendras, de crianza de animales, de albañilería, de
cerrajería, y hasta de construcciones de puentes, túneles y caminos... por
varios lugares cercanos...
... en fin... no tenías
oficio ni estudios... pero sabías hacer mucho más que muchos ingenieros y
muchos políticos, e incluso que muchos veterinarios, médicos y hasta algún que
otro físico...
Tenías una letra preciosa y
sin faltas de ortografía a pesar de haberte criado en un pequeño pueblo, que es
la excusa que muchos ponen cuando les preguntas por qué no han aprendido...
Aún recuerdo los dibujos que
nos hacías a mi hermano y a mí cuando éramos pequeños...
Años de mala suerte en los
que tuviste varios accidentes con la moto por ir a todas partes con demasiada
prisa...
Años de depresiones en los
que engullías pastillas para poder olvidar que aún trabajando de sol a sol no
quedaba ni para poder comer ni dar a los tuyos...
Hace ya más de una semana
que metimos tu ligera y recién barnizada caja en su último lugar de descanso...
a mi hermano se le tiñeron los dedos con aquel barniz y le dio mucha pena
verlo...
... a lo largo del camino,
los olivos ocultaban el riachuelo que te echa ya de menos...
... las piedras de las
calles enmudecían a nuestro paso y las paredes de las casas se pusieron de
nuevo el velo...
... a las puertas del
cementerio, unos juguetones jilgueros te esperaban trinando en medio del
silencio, los mismos jilgueros que con tanto cariño recogías del pie de los
árboles cuando caían de sus nidos y con tus propios labios alimentabas hasta
que pudieran valerse por sí mismos...
Mientras caminábamos en
medio del cortejo, tras el triste vehículo que contenía tu féretro, un hombre
se ha acercado a nosotros, y nos ha recordado cuánto sentía tu pérdida, ya que
le salvaste de morir ahogado un día que caminabas buscando cardillos...
... eras un nadador
excepcional padrino... y nunca te dieron ninguna medalla...
... en la familia hay gente
que ni siquiera sabía que habías salvado una vez la vida de un hombre... tan
humilde eras que no hablabas de tus heroísmos...
Sé que no querías que te
llevaran a la parroquia: "...de la cama a la tumba, hijos, no quiero
que nadie me llore lágrimas falsas...", pero creo que nadie ha llorado
falsamente padrino, quizá no sabías lo importante que eras para la gente del
pueblo... y para todos nosotros...
Cruel enfermedad que te ha
impedido ver nacer a tus futuros nietos, que con cincuenta y tres años no te ha
permitido disfrutar de nada de la vida fuera de lo que ya conocías...
... quiero creer que has
muerto feliz...
... siempre descalzo,
sintiendo a la Madre Tierra, hiciera frío o calor, hubiese lluvia o barro bajo
tus pies... siempre en el campo, como lo que somos en realidad: una especie más
de este loco Planeta.
La ciudad te quedó grande y
volvías una y otra vez a la tierra que te había visto nacer...
Aún tengo en mi cocina un
tarro de almendras dulces que recogiste estando ya enfermo, y en la nevera,
deliciosos huevos de tus pequeñas gallinas, esas que has criado con tanto
cariño y que ya te echan también de menos...
Injusto Dios que no ha
escuchado tus ganas de vivir... "Yo aún no me voy a morir, aún soy
muy nuevo..." o "¡...qué ganas tengo de que me den el alta
los médicos...!"
Por eso has aguantado hasta
el último momento, por eso no te has rendido hasta que tu cuerpo no ha podido
soportar el peso de tu alma, que según dicen pesa dos gramos... la tuya debía
pesar veintisiete kilos, que son los que esa dichosa enfermedad te ha dejado...
... sé que he sido egoísta...
... sé que nunca me
perdonaré por ello...
... pero no he querido verte
así... lo siento...
... y ya no hay remedio... espero que tu sí sepas perdonarme
padrino...
(Este texto está publicado también por mí en Ciao)
(Este texto está publicado también por mí en Ciao)



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